César Bolaño
El sistema global de las comunicaciones refleja en gran medida lo que pasa, en la transición del siglo XX al XXI, los cambios estructurales del sistema capitalista y de la geopolítica internacional. La digitalización general del mundo evidencia la constitución de un nuevo paradigma técnico y productivo, de una nueva forma de articulación de la ciencia en los procesos de trabajo, de una nueva regulación entre producción y consumo, de nuevas formas de relación social, mediadas tecnológicamente, en fin, de un cambio de época fundamental en la historia del capitalismo y en la historia humana.
La comunicación pasa a tener un papel central renovado en la organización social y económica, mas allá de lo que ya tenia como elemento clave para construcción de la hegemonía. Su importancia ahora está ligada, como ya lo demostrara la constitución de la Industria Cultural y de los grandes medios de comunicación social del siglo XX, tanto a la reproducción ideológica del sistema, como a la propia acumulación del capital. Esta relevancia renovada de la comunicación, de la información y de las redes aumenta su interés para los detentores del poder económico y político en las sociedades y, del punto de vista de lo que se denomina la globalización, en la lucha internacional por la hegemonía.
En esas condiciones, hay una tendencia global de restructuración de todo el sistema internacional de las comunicaciones (telecomunicaciones, comunicación, informática) – impulsado por el desarrollo tecnológico fruto de la crisis estructural del capitalismo, iniciada en los años 70 del pasado siglo – que cambia los parámetros de organización de los mercados culturales y de la comunicación, presionando por cambios también en las políticas nacionales en esos sectores, además de la educación y los sistemas de ciencia y tecnología. La larga crisis de hegemonía de la potencia norte-americana y la nueva estructura del poder global completan el cuadro.
Internet aparece, en esas condiciones, como un nuevo espacio de control social y de disputa por la hegemonía cultural, sirviendo, por supuesto, prioritariamente, en las condiciones actuales, a los intereses constituidos (políticos, militares y de mercado), pero con amplias posibilidades también para la acción contra-hegemónica y liberadora. Por todo el mundo, grupos de activistas se movilizan utilizando la red como forma de organización y de divulgación. En el campo académico, se desarrolla todo un debate sobre una “sociedad civil internacional”, o una “esfera pública global”, con sus contradicciones.
El campo académico de la Comunicación, como el de la Economía desde su constitución, se transformará, en esas condiciones, necesariamente, en campo de disputa de paradigma, con fuerte influencia de las disputas de poder hegemónico y contra-hegemónico nacional e internacional. Si se analiza la estructura de las mesas centrales del congreso de 2008 de la principal asociación mundial de investigadores de la comunicación, IAMCR/AIREI/AIECS, posiblemente también la más crítica y próxima de los intereses contra-hegemónicos, que se realizará en Estocolmo para discutir, como tema central, las “global divides”, se observa muy claramente donde están los intereses estratégicos centrales de nuestros colegas europeos en el campo: además de la conferencia magistral, a cargo de la Dra. Vandana Shiva, entre los otros 14 speakers y moderadores, un moderador representa la asociación asiática de investigadores de la comunicación (AMIC), un ponente representa el Council for the Development od Social Science Research in Africa y los otros 12 provienen de universidades de Inglaterra, Canadá, Francia, Estados Unidos y países del norte de Europa. Todos, los 15, anglo-parlantes.
Pero, si analizamos la historia del campo de la Comunicación, veremos que América Latina estuvo, desde siempre, en el centro del debate internacional, y con el mayor protagonismo en momentos centrales como en la discusión sobre el NOMIC y las Políticas Nacionales de Comunicación. La contribución latinoamericana al pensamiento comunicacional siguió por distintos caminos, por lo general siempre muy críticos, articulando teoría y práctica y constituyéndose, en el agregado, no dudo en afirmar, en un campo complejo de teorías y análisis muy sofisticado y fuertemente involucrado con proyectos de desarrollo y de democratización de la comunicación, con impactos que van mucho más allá de nuestro subcontinente.
Las teorías económicas latinoamericanas del desarrollo de la CEPAL, con fuerte influencia en el debate sobre Comunicación y Desarrollo, las teorías sociológicas latinoamericanas de la dependencia, que en el campo de la comunicación derivan para las teorías de la dependencia o del imperialismo cultural, los estudios culturales latinoamericanos, la economía política de la comunicación latinoamericana, todos tuvieron o tienen reconocimiento internacional y algunos acabaron por desarrollarse también en otras latitudes. Así también la educación como práctica de libertad, la pedagogía del oprimido, el teatro del oprimido, los movimientos de radios comunitarias de Bolivia, Colombia y de toda América Latina, los movimientos en Brasil, desde el final de los 80, por la democratización de la comunicación son referencias que muchas veces no se encuentran en los libros de historia del campo, o se encuentran como capítulos poco desarrollados y secundarios.
Esta ideologial divide, se puede decir, es fruto de la lucha por la hegemonía en el campo y fuera de el, por el reconocimiento en cuanto colectivo académico, pero también en cuanto colectivo actuante de trabajadores intelectuales vinculados a procesos concretos de disputa global por la hegemonía cultural, estrechamente vinculada a la hegemonía política y económica en nivel nacional e internacional.
Ya sabemos que la larga crisis de hegemonía global apunta para una situación en que la centralidad de las disputas geopolíticas, con base en la interdependencia estructural de las economías de Estados Unidos y de Asia, especialmente China, se traslada a la cuenca del Pacífico, incluyendo evidentemente a la Unión Europea, que disputará con Estados Unidos la influencia sobre África y América Latina. En nombre de nuestras viejas “identidades culturales”, por supuesto. Por otro lado, la crisis de la hegemonía y la ascensión económica de países del sur, las alianzas pragmáticas sur-sur que se establecen en diferentes momentos, áreas y situaciones indican mejores posibilidades de negociación de las condiciones de dependencia. América Latina, en particular, en los últimos años, busca una inserción más soberana y proyectos de desarrollo que buscan alejarse de alguna forma de los desastrosos experimentos neoliberales de las últimas décadas del siglo pasado.
Desde el punto de vista de la cultura, es evidente que América Latina representa otro Occidente, extremo, alternativo, mal integrado. Crítico. El papel que hemos tenido a lo largo de la historia de las políticas de comunicación y en la lucha por la NOMIC está en relación profunda con la especificidad del pensamiento y de la cultura de nuestros pueblos. Cultura mestiza – antropofágica diríamos en Brasil – india, negra, ibérica. Cultura de inmigrantes europeos y asiáticos. Los estudios culturales latinoamericanos tienen una importante contribución a la comprensión de esos proceso porque, y en la medida en que, son herederos de una rica tradición intelectual.
La economía política del continente, heredera también de esa cultura intelectual, por su parte, refinó, al máximo los instrumentos de análisis de las estructuras de poder y dominación, las concentraciones y la manipulación. La síntesis teórica de esos diferentes enfoques es tarea nuestra, de nuestra generación. Construir nuestra unidad en la diversidad, eso se espera del pensamiento social latinoamericano, y en particular del pensamiento comunicacional. Así podremos dar la verdadera batalla epistemológica. Eso pasa por producir conocimiento en lengua española y portuguesa y en traducir estratégicamente lo que nos interese para enfrentar el debate internacional en lengua inglesa.
Nuestro interés, por ejemplo, en una institución como IAMCR/AIERI/AIECS está en la posibilidad de influir en el debate académico en nivel global en nuestro campo, en poder dialogar con investigadores de China, India, África, proponiendo nuestras propias pautas y ofreciendo nuestros propios marcos teóricos. Como llegar a eso es un problema que solo se podrá enfrentar con base en la batalla institucional de constitución de un amplio espacio propio internacional en lengua ibérica. Si consideramos a España y Portugal como parte importante de ese espacio, contamos hoy con seis asociaciones nacionales de investigadores de la comunicación (INTERCOM, AMIC, ABOIC, INVECOM, SOPCOM, AEIC), a lo que se podría sumar una infinidad de otras entidades semejantes, regionales y temáticas, asociaciones de escuelas, de posgrados, de profesionales, formando un panorama complejo de profesores, investigadores, trabajadores intelectuales de la comunicación, de la información y de la cultura.
En la organización y coordinación de ese campo complejo iberoamericano, la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) debe tener un papel central, por la legitimidad que ha conquistado históricamente y por incluir entre sus socios, intelectuales de relieve en los diferentes sub-campos de estudio de la comunicación, además de las asociaciones nacionales de investigadores. Para eso, debe promover un amplio diálogo interno, involucrando sus grupos de trabajo, que representan redes de investigadores con distintas capacidades de enfrentamiento del debate internacional, con el objetivo de ampliar esas capacidades para que se pueda establecer un fraterno diálogo con las demás ciencias sociales del continente, buscando dar nuestra cuota de contribución a la reconstrucción del pensamiento crítico latinoamericano.
ALAIC debe imponerse en el campo de la comunicación como interlocutor central de instituciones como UNESCO, como lo es IAMCR/AIERI/AIECS, debe participar de los movimientos en que se construye la sociedad civil internacional, como WSIS, Internet governance forum, etc. Debe buscar apoyos institucionales y diálogo intercultural dentro y fuera del campo de la comunicación. Dialogar con los movimientos nacionales e internacionales por la democratización de la comunicación. Ese es el proyecto que tenemos que construir hoy colectivamente.
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